jueves, 31 de diciembre de 2009

érase una vez el dos mil nueve

En el día 365 del dos mil nueve recuerdo sus primeras horas con la angustia y la emoción del 25 Festival Dr. Alfonso Ortiz Tirado. La adrenalina durante la estancia en Álamos y las presiones de todo el equipo. Ya de vuelta se agregaron las tensiones de una entrega recepción que se aclaró en la última parte de proceso y nos puso los pelos de punta. Vino mi cumpleaños, luego el de Maq con Hulk como invitado especial. Una gran fiesta en nuestra pequeña casa, de poca. Luego vinieron otros festivales y más trabajo. El ajetreo de ir, venir, recoger, dar raite, dejar, volver por los niños a la escuela. Antes de junio Maq iba a la guardería, luego todo cambio y preferimos que se quedara con la mamá Martha. La tragedia de 5 de junio nos marcó a todos. Creo que hubo lágrimas en todos los ojos. También, de nuevo, vivimos los rituales de la política, las reuniones para otorgar-otra vez- propuestas de arte y cultura. Las divisiones, las apuestas, los ganadores y los perdedores. Me invitaron a cerrar mi ciclo en el iesece, vino el relax por unos días justos para concretar un proyecto, meterlo a concurso y ganar el Fecas; luego la invitación para apoyar con el programa de escritores durante la Feria y la disposición para hacerlo. De nuevo protocolos, trámites y el malestar de los no incluidos. Casi al final, el encuentro con Mirna y la posibilidad de ocupar un lugar en la Secretaría de Economía. A finales de noviembre mis pasos andaron una ruta diferente. La fiesta con las amigas, las ocurrencias de Maq, la bella sonrisa de Jorge, la coquetería y el ceño fruncido de Gabriela. Durante el año intensidad y soledad, compañía y aventura, malos ratos y muchas risas, tanto llanto como el que se requiere para ser mamá. Miedo un buen, angustia, otro tanto; desencanto sí, pero fe y esperanza a la vuelta de la esquina. Me han invitado a dar clases. Planes hay para repartir para este dos mil diez....

1 comentario:

FeLi dijo...

Un abrazo, mi querida y muy admirada amiga!